restaurante tematareTe Mataré Ramírez parece un cabaret de una época antigua: telones rojos que caen del techo hasta el piso y en el centro cuelga una lámpara de baccarat. La anfitriona, aunque puede tener casi 45 años, luce como toda porteña: delgada perfil europeo, mona y con una blusa que deja ver su espalda. Desde ahí, la cosa pintaba bien.

Pasando el hall me encuentro con un espacio completamente rojo, decorado con tela de gamuza, luces muy tenues, una barra en L y aproximadamente un salón para 50 cubiertos. Una decoración muy kitsch pero también moderna.

Al sentarnos en la mesa, la porteña aclara que hay un consumo mínimo de 110 pesos, más el cubierto que es de 12 pesos. Después de su advertencia, miré el menú, que está lleno de mensajes eróticos y fotos antiguas ligadas al sexo. Desde ahí comienza una aventura erótica supremamente interesante.

La entrada que pedí venía acompañada de esta frase: “evoco tus aromas y me enciendo a mí mismo”, lo cual significa “turgentes langostinos envueltos en lonjas de panceta ahumada y un crocante de hilos de papa”. Este plato estaba supremamente bien logrado. Los langostinos en su punto y los hilos de papa crocantes por fuera y tiernos por dentro, aunque la salsa estaba un poco floja.

El plato fuerte que pedí decía, “Arranco el goce de tu tibio tesoro con mi lengua encendida”, lo cual resumía un filete de salmón rosado tataki, acompañado de rugula, menta y vivos gajos de naranja y tentaculitos de calamar con un amarillo coulis de limón y papas bouchón.

Esta preparación estaba muy bien. El salmón tenía  un sabor muy agradable, se nota que tenía alguna especie de marinada. Las bouchón estaban en su punto máximo, tiernas por dentro y con una ligera corteza por la cocción en mantequilla al sartén.

De postre me decidí por un “queme mi lengua al deseo de lamerte”, que significa en el idioma de Ramírez, orgiástica y delectable mousse de chocolate semiamargo al onírico licor de cassis, coronada con semifreddo de moras, reposado sobre coulis de frutos rojos. Hay que decir que este plato estaba en su punto.

A la mitad de la noche, disfrutamos shows alusivos a la tática de este restaurante donde los asistentes se dejaron contagiar por el ambiente.

La cuenta fue un poco alta pero valió la pena, pues supe que este restaurante es un espacio diferente que maneja una temática única. En ese punto me di cuenta que este personaje Ramírez cumplió su promesa: era cocina afrodisiaca. 

No puedo separar el erotismo de la comida y no veo razón para hacerlo, al contrario, pretendo seguir disfrutando de ambos, mientras las fuerzas y el buen humor me  alcancen                                                                   Isabel Allende

 

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