pescadores

Cuando se habla de ‘pesca artesanal’ no hay que ir más allá de la canción ‘El Alegre Pescador’ de José Barros. Un pescador artesanal en Colombia, atarraya en mano, pesca un máximo de 10 toneladas en embarcaciones de made­ra o de fibra de vidrio, y festeja ese suceso en épocas de subienda de pescado.

A ningún pescador de las costas colombianas le hace falta canoa, chinchorro ni atarraya. El le­gendario compositor de música colombiana José Barros, nacido en El Banco, Magdalena, plasmó en una tonada el alma de los ‘cazadores del mar’: “El pescador habla con la luna, el pescador habla con la playa. El pescador no tiene fortuna, sólo su atarraya”.  

En Colombia, la pesca artesanal no sólo es el pri­mer eslabón que hace llegar a nuestros manteles las delicias del mar. Es también fuente de empleo y de alimento que cubre las necesidades de sub­sistencia de los pescadores.  

El gobierno se ha preocupado por organizar a los pescadores de tal manera que puedan desa­rrollar su actividad laboral sin lastimar las bon­dades del medio ambiente.  

Los pescadores del Pacífico pertenecientes a co­munidades afrodescendientes, por ejemplo, han obtenido capacitación por parte de distintas or­ganizaciones que les enseñan prácticas de pesca responsable.  

En noviembre de 2010 el Invemar (Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras), en con­junto con Asconar (Asociación de Concheros de Nariño), WWF (World Wildlife Fund), UAESP­NN (Unidad Administrativa Especial del Sistema de Parques Naturales) y la Universidad del Valle realizaron ‘Pianguando’, una cartilla pedagógica de estrategias para el manejo de la piangua, un bi­valvo que abunda en el pacífico colombiano.  

Según Luis Alonso Zapata, biólogo y coordina­dor del Programa Marino Costero de WWF, gra­cias a la Ley 70 de comunidades negras, los afro descendientes reunidos en comunidades tienen el derecho a titular tierras para vivir y trabajar.

 

El verdadero significado de  

los dos mares  

El Atlántico y el Pacífico no hacen a Colombia una potencia pesquera por los niveles de pro­ducción, sino por la variedad de especies que se encuentran en sus mares.  

Tanto en el Atlántico como en el Pacífico las condiciones fisicoquímicas del agua no permi­ten que haya grandes niveles de reproducción de especies.  

Sin embargo, Colombia tiene una variedad de 384 especies oceánicas diferentes en el Atlánti­co y el Pacífico. Sin ir muy lejos, está el caso del cangrejo negro, especie que no se encuentra en ninguna parte del mundo, sino en San Andrés.

Por esto los pescadores artesanales de Colom­bia tienen ciertas prebendas y jurisdicción sobre su lugar de trabajo: el mar.

Nuestros pescadores de mar, hombres de piel salada y piel bronceada, de manos fuertes que día a día echan su redes para extraer los tesoros del mar, reciben toda nuestra admiración y res­peto por aquella ardua labor. A ellos una venia y el deseo de que sus noches de pesca sean ador­nadas por la luna y los más brillantes luceros. 
 


 



 

   
 

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