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No basta una buena cena para ser considerado un excelente anfitrión. Parte del arte de oficiar un banquete radica en saber a quién invitar y cómo ubicar en la mesa a los comensales.

El anfitrión debe ser, ante todo, el socializador por excelencia. De él depende el éxito de cualquier velada, por lo cual es tan importante conocer el protocolo de conducta, que ayudará a que su tarea sea sencilla.

La lista de invitados
Esta debe procurar equilibrar el número de mujeres y de hombres, así como garantizar que la gran mayoría sean afines. Si hay comensales extranjeros que tengan dificultades con el idioma, lo mejor es prever quiénes pueden sostener con ellos una conversación en su idioma y sentarlos próximos. Ahora bien, si a la reunión asisten niños, quien preside la celebración debe disponer un espacio aparte para ellos.

Sentarse a la mesa
El anfitrión y anfitriona deben ubicarse en los polos opuestos de la mesa. El hombre nunca puede dar la espalda a la entrada del salón, pero sí puede ceder su posición a personalidades de mayor honor, edad o jerarquía. De hacerlo, debe ubicarse entonces a su izquierda.

Luego se intercalan hombres y mujeres en el resto de lugares. Para propiciar la conversación, es mejor separar parejas o amigos cercanos. De presentarse el inconveniente de no poder intercalar un hombre y una mujer, es preferible que queden dos hombres juntos.

En las recepciones con muchos invitados se utilizan tarjetas con los nombres de cada comensal en su respectivo puesto, para que el acceso a la mesa sea organizado. El anfitrión marcará los ritmos de la cena, tanto su comienzo como el final. Éste, además, esperará a que todos los platos estén servidos para dar un primer bocado y desear a todos un bon apetite.

 

 

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