La llamada dieta mediterránea sorprende por su sabor y beneficios para la salud. Conozca los ingredientes y las preparaciones claves.
Los sabores del mediterráneo se conservan intactos desde que los antiguos fenicios navegaran por sus aguas. Lo que se podría llamar la divina trinidad de su gastronomía -la vid, el olivo y el trigal- continúa siendo la base de una cocina equilibrada y deliciosa, que ha convertido en universal.

Transmitida de generación en generación, y considerada por algunos como patrimonio inmaterial de la humanidad, la dieta mediterránea trasciende de estos tres productos mencionados y se nutre de vegetales, hierbas, legumbres, frutos secos, pescados, mariscos, aves, pastas y panes. El resultado: la combinación acertada para evitar enfermedades coronarias, llena de fibra y antioxidantes.

Este conglomerado de ingredientes, preparaciones y hábitos que comparten griegos, malteses, italianos, franceses y españoles, entre otros, resulta particularmente sabrosa por ciertos principios básicos:

  • Su grasa proviene del aceite de oliva, que contiene menos grasas saturadas que el resto de aceites.
  • Reúne en las pastas y panes los carbohidratos necesarios para un correcto régimen alimenticio.
  • Posee una fuente de fibra y antioxidantes proveniente de vegetales, frutos secos y legumbres.
  • Al preferir el pescado y las aves frente a las carnes rojas, se reduce la ingesta de proteínas animales.
  • Opta por productos frescos, de allí el gusto por quesos, yogures y hierbas aromáticas.
  • Acompañan las comidas con altas dosis de agua y una saludable ración de vino.

La receta más representativa de la cocina mediterránea es la ensalada griega, a base de tomates, pimentones, pepino, queso feta, aceite de oliva, vinagre blanco, aceitunas, perejil y sal. Una excelente opción para quienes gozan de livianas y saludables.

 

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