Por: Eliana Ramírez

Desde 1977 hasta la actualidad el restaurante francés La Poularde, en manos de su chef y pionero Moisés Fernández, ha ofrecido un menú variado en el cual su ingenio y conocimiento han permitido crear un rincón muy visitado por los comensales quiénes disfrutan de recetas preparadas con productos importados desde Francia.  

Scargots de bourgogne, paté de la casa, croquetas de carne de jaiba, medallones de lomo de res, pato en salsa de pétalos de rosa y la tradicional sopa de cebolla gratinada, hacen parte de los platos más apetecidos por los personas que frecuentan La Poularde. 

Moisés Fernández recuerda con mucha nostalgia y orgullo sus primeros pasos que lo llevarían a desempañarse en la labor de su vida “desde los 9 años me metí en el cuento de la cocina, gracias a la formación impartida por Claudio Gaucher (oriundo de Francia), quien en su momento ostentara la tan anhelada medalla de oro entre 3.000 cocineros del mundo”.

La primera impresión de ir a la Poularde es sin duda alguna de tranquilidad, su ubicación en un lugar residencial, lleno de arquitectónicos edificios y parques aledaños, son un elemento diferenciador para quienes disfrutan de lugares de esparcimiento serenos. La ambientación del restaurante fue pensada e inspirada en el siglo XIX. Música y manteles franceses antiguos; lienzos pintados por un artista italiano, que muestran poéticamente a mujeres elegantes caminando por campos elíseos y parques enormes que solían ser visitados por coloridos pájaros.  

La Poularde ofrece deliciosa comida, porciones generosas con  precios asequibles y algo muy importante, un menú balanceado (una verdura, una harina y proteína). Las pimientas, mantequilla, licor francés Ricard y especias juegan un papel fundamental dándole cuerpo a los platos. Por otro lado, los postres más tradicionales son las fresas flambeadas, créme brulee y crepes suzette.

Un buen combinado entre fruta y salsas  ¡ perfecto para deleitar comida 100% francesa ! Por último, Moisés explica cómo ha logrado mantenerse en el mercado durante 35 años “el amor por la cocina, la pasión y ante todo el gusto porque la gente venga a probar mis platos, ha hecho de La Poularde un rincón pequeño, agradable y acogedor para el cliente”.

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