El restaurante La Gloria, ubicado en la zona de la Macarena en Bogotá, es un lugar en donde se reúne en una carta varios platos tradicionales de la cocina internacional, sin embargo, el plato que es insignia, y por lo cual La Gloria sobresale dentro de toda la variedad culinaria de la zona, es la caldereta de mejillones acompañada por papas fritas. 

Este plato es distintivo de la cocina belga, lo cual de entrada es ya bastante llamativo, porque en Bogotá la oferta de cocina de este país es demasiado escasa, por no decir nula. 

En Gourmet al Día tuvimos la oportunidad de hablar con el propietario de La Gloria, Julián de Bedout, quién nos contó a través de su experiencia la tradicionalidad que hay en este plato, y la forma en que él ha hecho una revisión del mismo, haciendo homenaje a una cocina que es reconocida internacionalmente como una de las mejores.

La experiencia de Julián con la cocina belga está determinada por su cercanía a las cocinas de París, específicamente a la del restaurante Léon de Bruxelles que se especializa en la preparación de los moules frites, allí se preparan de la forma tradicional: en caldereta con salsa de vino blanco y ajo, por supuesto acompañado de las papas fritas, y esa es la forma en que Julián ha trasladado esta tradición belga a su restaurante, así mismo, la utilización de ingredientes de calidad, lo cual también es insignia del restaurante.

También nos contó la forma en que deben consumirse los moules frites: una vez se come el primer mejillón, la concha de éste se utiliza a modo de pinza para comer los otros mejillones, al final, al caldo restante en la caldereta se le añaden las papas fritas y estas se comen con cuchara, a modo de no perder ninguna parte de la esencia del sabor de la caldereta.

En la carta de La Gloria se puede encontrar distintas preparaciones de la caldereta de mejillones: a la provenzal, al queso azul, al curry, y por supuesto dos revisiones que  la casa hace al plato: la caldereta al estilo la gloria con salsa de tomates frescos, pulpo y calamares, y la caldereta con tocineta y champiñones.

Otra de las peculiaridades de este restaurante, y que complementa su intención de respetar las tradiciones de la cocina belga particularmente, es su ambiente de bistró o bristot parisino, y esto se manifiesta con la distribución al interior del local, su decoración y la atención al cliente: Julián nos llama la atención sobre el establecimiento de un restaurante que sea cercano al comensal, en que la experiencia gastronómica se complemente con una experiencia cultural.

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