La chirimoya y la lúcuma son dos frutas básicas en la gastronomía peruana que tienen una tradición de siglos, muy ricas en nutrientes y azúcares, y algunos dicen que no necesitan acompañamientos.

La chirimoya es una fruta que ya se cultivaba en territorio peruano desde el año 200 de nuestra era. Es rica en azúcar, proteínas (alcanza al 2%, más que el común de las frutas), vitaminas, calcio, hierro y fósforo.

No es una fruta que se recomiende a personas que padezcan de diabetes, por sus altos contenidos de azúcar, sin embargo, es una fruta que cuenta con una alta comercialización y consumo en los países que la producen. Sus usos varían: jugos, helados, licores y postres. En la actualidad también se comercializa la pulpa, la cual  permite su conservación por meses.

El árbol frutal, el chirimoyo, puede alcanzar una altura de 7 a 8 metros, tiene unas flores amarillas jaspeadas de púrpura, y el fruto, la chirimoya, tienen una forma acorazonada, un tamaño similar al de una naranja, una piel verde oscura y lisa muy delgada, y su pulpa es de color blanco.

La lúcuma se utiliza de forma cocida, principalmente en la preparación de tartas, pasteles, helados, batidos y pudines. Tiene un sabor muy fuerte, comparado al jarabe de arce, por lo cual no es muy común su consumo fresco. Tiene almidón, hierro, betacarotenos (antioxidantes) y niacina (vitamina B3).

Hay representaciones de su utilización en territorio peruano que datan del milenio VIII antes de Cristo. Es una fruta que tiene una forma oblonga, y varía entre un color verde amarillento hasta un pardo cuando está madura. Es uno de los productos insignias del Perú, y así lo ha establecido el propio gobierno del país al declararla la fruta nacional.

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Guest (Luisa Castellanos)
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