Los vinos Rioja conjuga tradición e innovación en su elaboración; en la actualidad, es una de la cinco denominaciones de origen con más reputación en el mundo. Sus características generales son: equilibrio, aroma y frescura, que se reconocen por su excelente buqué.

El Rioja “moderno” data de finales de siglo XIX, pero su origen general data hace más de dos mil años según los testimonios arqueológicos de bodegas romanas. Su primera Denominación de Origen, la más antigua de España, se establece en junio de 1925, como resultado de la preocupación de los viticultores riojanos por proteger su identidad.

La zona de producción está altamente delimitada al norte de España, por el río Ebro: las provincias de La Rioja, Álava y Navarra, las que a su vez, contienen tres subzonas: Rioja Alta, Rioja Baja y Rioja Alavesa, que se definen por tipo de suelo y climatología, pero que han permitido la creación de una identidad base del vino riojano, al tiempo que una gran cantidad de variedades.

Entre 280 a 300 millones de litros de Rioja, aproximadamente, se producen en la actualidad, de los que un 90% corresponde a vino tinto y el 10% restante se reparte entre variedades de blanco y rosado. Según el Consejo Regulador, son 7 los tipos de uvas característicos, cuatro tintas (Tempranillo, Garnacha tinta, Mazuelo o Cariñena y Graciano), y tres blancas (Viura o Macabeo, Malvasía y Garnacha blanca).

Según su proceso de envejecimiento se establecen cuatro categorías, contraetiquetas o precintas numeradas, que personifican los tipos de Rioja que se pueden encontrar en el mercado.

Garantía de Origen: vinos en su primer o segundo año, que mantienen las particularidades de afrutado y frescor primarias.
Crianza: vinos con mínimo dos años de crianza, que han permanecido por lo menos un año en barricas de roble.
Para los vinos blancos este periodo es de mínimo de 6 meses.
Reserva: vinos que tienen mínimo tres años, de los cuales por lo menos uno en barricas de roble.
Gran Reserva: son vinos que han sido criados dos años en barricas de roble y por lo menos 3 años en botella.

Para los vinos blancos, el periodo de crianza es de 4 años, de los cuales 6 meses mínimo en barricas. Alrededor de este vino existe una cultura que lo respalda: el Museo de la Cultura del Vino Dinastía Vivanco en Briones, las Fiestas de la Vendimia en Logroño, la Batalla del Vino de Haro, entre otros acontecimientos.

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