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El origen de los licores

Las bebidas alcohólicas que hoy conocemos como licores son productos destilados, generalmente de otros líquidos, que se extendieron por el mundo gracias a una combinación de diferentes influencias: los avances árabes en la química, la presencia de estos en Europa, la colonización de las Américas y el comercio de las flotas marinas.

La destilación, que consiste en vaporizar y luego condensar un líquido para separar sus compuestos tiene orígenes en la antigua Mesopotamia. Pero fueron los árabes, en el siglo VIII, quienes desarrollaron mejores artefactos de destilación y experimentaron con el vino y otras sustancias para producir líquidos de mayor concentración alcohólica. Cuando el vino se calentaba, empezaba a emanar vapor, antes de que la solución empezara a hervir. Esto sucedía porque el punto de ebullición del alcohol (78 grados centígrados) es más bajo que el del agua (100 grados centígrados).

Gracias a estos experimentos, los árabes desarrollaron sustancias que destinaban a usos medicinales. El artefacto que utilizaron para este trabajo se denominaba al-ambiq, que después evolucionaría al término Alambique. Y al resultado del proceso lo denominaron “alcohol de vino”.

Sin embargo, el conocimiento de la destilación estaba reservado a los alquimistas del mundo árabe, que para entonces se extendía desde los pirineos hasta una parte de la India.

En 1478, gracias a la imprenta, se publica el primer libro impreso sobre la destilación, con la autoría de Michael Puff Von Schrik en Austria. Edición que, al cabo de dos décadas, tuvo 16 reimpresiones, ayudando a difundir las técnicas de la destilación. Los europeos, a diferencia de los árabes, simpatizaron con las capacidades de la bebida para embriagar al consumidor y rápidamente la incorporaron a su mesa. El producto de la destilación del vino empezó a llamarse con apelativos cercanos a “vino quemado”, como “Brantwein”, en alemán y “Brandywine” en el Reino Unido. Posteriormente, la bebida se conocería como “brandy”.

La invención del brandy supuso un gran desarrollo para los navegantes: gracias a su concentración, podían llevar una bebida más fuerte y, por lo tanto, más duradera que el vino en las embarcaciones, ocupando menos espacio. Los primeros en adoptar la práctica fueron los comerciantes portuguesas que la cargaron hasta el África, donde la dieron a probar a los comerciantes locales. Estos, a su vez, empezaron a pedir botellas de la bebida como parte de pago por los grupos de esclavos que se trasladaban a Europa y posteriormente al continente americano.

A la par, Cristóbal Colón y otros colonizadores americanos fomentaron las plantaciones de cultivos de caña de azúcar en las tierras americanas. Brasil, fue uno de los primeros territorios que adoptaron el cultivo que de allí se exportaría a las islas del Caribe. La explotación de la planta incentivó la incorporación de más grupos de esclavos. Por ende, los colonos intercambiaban el azúcar por el brandy del viejo continente para financiar la traída de esclavos.

Esta necesidad llevó a que en las Américas experimentaran la destilación con otras sustancias, como los restos de la producción del azúcar. Los resultados de esta innovación derivaron en las versiones primigenias del ron. El nuevo licor – todavía con mayor concentración alcohólica – empezó a preferirse por encima del brandy. Los marineros lo cargaban en sus embarcaciones y, dada su concentración, solían mezclarlo con jugo de limón y azúcar a la hora de consumirlo.

La nueva bebida se llevó al viejo continente y también al África, donde reemplazó al brandy como producto de canje por esclavos. A partir de entonces, la práctica de la destilación fue evolucionando, a la par que diferentes sucesos históricos influían en la economía y en la necesidad de recurrir a otros insumos para producir los licores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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